Frédéric François

Biografia

El comienzo

Bajo un cielo oscuro y encapotado, atravesado por borrascas, una vieja locomotora de vapor entra ruidosamente en la estación. Esta estación del fin del mundo es la última de un itinerario que nos ha llevado, a los inmigrantes sicilianos, desde la pequeña población de Lercara Friddi hasta Bélgica.
Es 5 de octubre de 1951. Tengo un año y medio. Nina, mi madre, me lleva en brazos. Mi hermano mayor, Rosario, está a nuestro lado. Los tres miramos por la ventanilla, que está abierta. Mi padre, Peppino, que trabaja desde hace tres años en una mina de carbón, nos espera en el andén.
Estamos en la estación de les Guillemins, en Lieja, en pleno corazón de la cuenca carbonífera. Es la primera etapa de una vida que, todavía hoy, me parece totalmente inesperada.

La infancia

A la derecha, barracones, a la izquierda, barracones. Al frente… barracones. Vivimos en una pequeña casa cedida por la mina, frente a las minas de hulla situadas en Tilleur, a 8 kilómetros de Lieja.
Solo habríamos tenido carbón y humo en el horizonte, de no ser porque mi padre Peppino nos iluminaba con el sol de sus palabras. En la casa, me deslumbra cuando se pone a cantar, con su guitarra, canciones napolitanas.
Cuando tengo 10 años, en el Café Siciliano, donde se aplaude su talento de cantante y donde me lleva con él, Peppino siempre dice: «¿Mi hijo? ¡Él canta a Sicilia mejor que yo!» Y siempre me sube a una mesa para cantar «O Sole Mio». Se lo debo todo a mi padre: él me ha transmitido sus dones vocales y su gusto por las canciones de amor.

Los principios musicales

A los 12 años, compro mi primera guitarra con mi libreta de la caja de ahorros. A los 13 años, participo en mi primer grupo, les Eperviers. A los 15 años, toco con los Tigres Sauvages, y a los 16, mi padre me inscribe al Conservatorio de música, a pesar de sus escasos recursos… ¡y sus ocho hijos!
Ese mismo año, gano el Microsillon de plata, el concurso de canto del Festival de Châtelet (Bélgica).
Este primer premio me permite grabar mi primer disco, bajo el nombre de François Barra. En 1969, bajo el nombre de Frédéric François, saco mi primer sencillo de 45 revoluciones, titulado «Sylvie», con 19 años de edad.

La vida continúa

Entretanto, me caso con Monique, con la que he afrontado todas las dificultades, he alternado la calma y las tormentas, y también he conocido lo mejor de la vida, fundando una auténtica familia, fuente de mi equilibrio: Gloria, la mayor de mis hijos, nació el mismo año que mi primer gran éxito «Je n’ai jamais aimé comme je t’aime» (Nunca he amado como te amo). Vincent, al mismo tiempo que «Je voudrais dormir près de toi» (Quiero dormir cerca de ti). Anthony, al mismo tiempo que «Chicago» era número 1 de ventas. Y Victoria, la más pequeña, dio su primer grito cuando salió «Est-ce que tu es seule ce soir ?» (¿Estás sola esta noche?). ».
Monique y mis cuatro hijos todavía procuran que nunca olvide a Francesco Barracato, mi verdadero nombre, y que nunca me crea totalmente que soy Frédéric François.

Frédéric François

Sin embargo, este nombre es el que brilla cada dos años en la fachada del Olympia, escenario en el que todo cantante debe ganarse dicha consideración. Estuve allí el mes de marzo del año 2000, lo que me ayudó a pasar con dignidad, al menos eso espero, mis 50 años de edad.
Yo canto al amor, pero también necesito sentirme amado. Y no hay mejor barómetro para medir el afecto que los aplausos del público.
¡Cuántas salas visitadas! ¡Cuántos kilómetros recorridos! ¡Millones de discos vendidos! Y mi público siempre acude a la cita. Ese público fiel, después de cuarenta años, que ha convertido a Frédéric François en lo que es actualmente.

Sencillamente un hombre…

La muerte de mi padre y de mi madre, que me parecieron inconsolables, así como algunos encuentros esenciales, anónimos o célebres (el papa Juan Pablo II, la reina Fabiola de Bélgica…), explican muy sencillamente en lo que me he convertido: sencillamente un hombre, pero que ha adoptado un nuevo modo de entender la vida.
Me parece que esta armonía interior que me he esforzado en adquirir se propaga poco a poco a través de mis canciones y espectáculos. Por ello, cuando me preguntan por el secreto de mi éxito, siempre tengo ganas de decir que quizá haya que investigar más en esa dirección...
 

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